Siendo un niño descubrí entre los tebeos que mi padre guardaba desde su infancia y adolescencia, magníficas primeras ediciones de cómics legendarios: Flash Gordon, Rip Kirby, El Hombre Enmascarado, Mandrake el mago, Ben Bolt, Agente secreto X-9 del FBI, Nat el grumete, Jorge y Fernando de la Patrulla del Marfil, Aventuras de dos muchachos y un automóvil... Pero entre todos estos títulos y muchos otros, me fascinó de manera especial la serie El mundo futuro, escrita y dibujada por Boixcar. Con el tiempo mi padre vendió su valiosa colección de cómics y yo tuve que esperar a cumplir 33 años para hacerme con el facsímil de la saga futurista editado por Lector Crédito del Libro. Emocionado, escribí el presente texto para el suplemento Viernes de Evasión del diario El Correo. Han pasado 15 años, nada menos, desde la publicación del artículo el 5 de septiembre de 1997. Aprovecho para recobrarlo hoy aquí, si bien en su versión íntegra.
EL MUNDO FUTURO
Cualquier fecha es oportuna para rescatar los grandes clásicos de la ciencia-ficción, ya sean literarios o cinematográficos; pero mayor valía, si cabe, conlleva hacerlo con las obras fundamentales que a esta temática ha dedicado el mundo de las viñetas. Quizá porque en este país no existe la arraigada tradición que allende nuestras fronteras convierte los tebeos en fenómeno sociológico. La industria del cómic, es cierto, ha avanzado en España, pero aún queda camino. Por este motivo revistió en su día especial mérito la labor de la editorial Lector Crédito del Libro, consagrada a la reedición de historietas; con un marcado carácter nostálgico, mas también con importancia arqueológica e histórica merced a la infinidad de títulos señeros recuperados por este sello. En 1997 esta firma bilbaína puso en circulación una esmerada edición facsímil de El mundo futuro, espléndida obra de uno de nuestros más célebres historietistas, Guillermo Sánchez Boix, cuya firma artística, Boixcar, causó furor durante los años 40 y 50, demostrando que el cosmos ya existía mucho antes de La guerra de las galaxias y Star Trek...
La eclosión fantacientífica con que el cine americano nos abrumó en décadas pasadas bebía, en muchos casos, del mundo de las viñetas. Aparte de los incunables USA —Alex Raymond y su Flash Gordon a la cabeza—, en España también existieron autores capaces de sumergirnos en apasionantes relatos de ciencia-ficción pura, como el pionero Jaime Tomás García, quien en 1935 ya publicaba El universo en guerra, uno de los primeros tebeos nacionales de anticipación. Y aunque hoy sea recordado El mundo futuro como un hito de la modalidad, hubo de compartir quioscos y estanterías con otras sagas coetáneas surgidas igualmente en la década de los 50, a cargo, sobre todo, de Editorial Cid —Diego Valor (1954-58)—, Ediciones Cliper —Al Dany (1953), la revista Futuro (1957)—, Ediciones Soriano —Kit-Boy (1956-59)—, Exclusivas Gráficas Ricart —Platillos volantes (1955-56)—, Editorial Marco —Red Dixon (1954-57), imitación, al igual que el mencionado Al Dany, del influyente Flash Gordon— y un no muy extenso etcétera.
No obstante, fascina la promoción que Ediciones Toray le dedicó a su saga estrella, tal y como destacaba en las contraportadas de sus cuadernillos: «Si hoy son una realidad los cerebros electrónicos, los turborreactores, los proyectiles dirigidos y otras tantas maravillas de la técnica moderna, ¿acaso no es posible que en un futuro próximo conquiste el hombre los infinitos caminos interplanetarios? Por eso hemos lanzado "El mundo futuro", cada uno de cuyos títulos es una emocionante aventura magistralmente ilustrada por el famoso dibujante Boixcar».
SERES BUENOS
Boixcar había nacido en Barcelona en 1917 y, movido por su espíritu inquieto, no dudaría en fugarse de casa a la tierna edad de 12 años. Su natural romántico le lleva a escribir poesía y hasta una obra teatral, mientras se emplea, entre otros curiosos menesteres, como retocador fotográfico, en un anticipo de lo que supondría su amor por el texto y la imagen. Llega la Guerra Civil y lucha en el bando republicano, pero tiene que huir a Francia, donde es capturado por los nazis y recluido en un campo de concentración. Al término del conflicto regresa a España y, en 1943, ingresa en la Editorial Marco iniciando su carrera en el Noveno Arte. En un arrebato sentimental, decide firmar como Boixcar, mezclando su apellido con las tres iniciales del nombre de su querida esposa. La inevitable influencia de los autores norteamericanos —Harold Foster y El Príncipe Valiente, Milton Caniff con su Terry y los piratas, el citado Raymond— marcaría para siempre su estilizado dibujo, como a Jesús Blasco, Francisco Hidalgo o Ángel Puigmiquel, contemporáneos suyos y también maestros de la viñeta.

Eran los tiempos del NO-DO, la época de CIFESA y el imperio de Chicos, la revista de cómics emblemática de los 40; todo ello pasado por el filtro del régimen franquista y su exaltación patriótica e histórica. Boixcar ya comenzaba a despuntar con obras como El Caballero Negro (1945), El Puma (1946) o La vuelta al mundo de dos muchachos (1948) —su primera obra con Ediciones Toray, bajo cuyo sello trabajaría hasta 1958—, pero el golpe de gracia lo daría con Hazañas bélicas, colección surgida a finales del 48 como continuación de la serie Episodios de guerra, de Blasco. El enorme éxito de Boixcar propiciaría que aquélla se dilatase hasta el año 71, ya con dibujos ajenos... Así, a continuación de Flecha Negra (1949), nuestro autor emprende una de las sagas más fascinantes de los 50: El mundo futuro nace en 1955 y recorre todo el universo de la ciencia-ficción a través de guiones del propio Boixcar que mezclan viajes intergalácticos, invasiones extraterrestres, batallas estelares y melodrama espacial con un diseño hiperrealista de naves, parajes cósmicos y letales seres alienígenas... La parafernalia cinematográfica venida de EE.UU. hallaba justo reflejo en las viñetas del autor, sin escamotear ningún detalle. Incluso el maligno extraterrestre habitante del planeta Metaluna en el filme This island, Earth (1955) servía para inaugurar la serie, con un número uno antológico, Los seres buenos de Marte. Pero no sólo los fotogramas surgían en el arte de Boixcar; incluso determinados homenajes (o plagios, según se mire) a su adorado Flash Gordon sorprendían a los lectores más avezados: en el nº 13 de la colección, titulado Polvo estelar, la lucha contra un monstruoso híbrido de calamar y crustáceo calcaba casi "plano a plano" su homóloga aparición en una de las magnificas historias del mítico personaje de Alex Raymond.

De El mundo futuro se editaron 102 cuadernillos apaisados más dos almanaques (los correspondientes a 1956 y 1957), con una periodicidad quincenal y al precio de 1,50 pesetas, salvo los dos números especiales, a 5 pesetas cada uno (y el triple de páginas). A partir del número 69 Ediciones Toray comenzó a contratar otros dibujantes —Huéscar, Rumeu— y guionistas —Ortiga, Bañolas, Acedo—; sin embargo, aquello ya no era lo mismo. Los maravillosos diseños de Boixcar, sus deliciosas portadas repletas del sabor añejo y camp de la época, sus excitantes historias, capaces de sorprender al lector con insospechados y crueles golpes de efecto, eran insustituibles. Y así, en 1958, se cerraba la colección tras un breve pero sustancioso trayecto. Boixcar falleció en 1960, con sólo 43 años, ante el desconsuelo del aficionado... La ciencia-ficción continuó, desde luego, su periplo nacional con aportaciones igualmente valiosas —5 por Infinito (1967), Delta 99 (1967-68), Galax, el cosmonauta (1968), Astroman (1973)...—, mas la obra de Boixcar es una de las pocas que ha gozado de una merecida reedición.

De El mundo futuro se editaron 102 cuadernillos apaisados más dos almanaques (los correspondientes a 1956 y 1957), con una periodicidad quincenal y al precio de 1,50 pesetas, salvo los dos números especiales, a 5 pesetas cada uno (y el triple de páginas). A partir del número 69 Ediciones Toray comenzó a contratar otros dibujantes —Huéscar, Rumeu— y guionistas —Ortiga, Bañolas, Acedo—; sin embargo, aquello ya no era lo mismo. Los maravillosos diseños de Boixcar, sus deliciosas portadas repletas del sabor añejo y camp de la época, sus excitantes historias, capaces de sorprender al lector con insospechados y crueles golpes de efecto, eran insustituibles. Y así, en 1958, se cerraba la colección tras un breve pero sustancioso trayecto. Boixcar falleció en 1960, con sólo 43 años, ante el desconsuelo del aficionado... La ciencia-ficción continuó, desde luego, su periplo nacional con aportaciones igualmente valiosas —5 por Infinito (1967), Delta 99 (1967-68), Galax, el cosmonauta (1968), Astroman (1973)...—, mas la obra de Boixcar es una de las pocas que ha gozado de una merecida reedición.
UN TRISTE PRESENTE
¿Se continuó con esa vena futurista en el cómic español? Diversos autores realizaron algunas obras interesantes durante la década de los 70-80, gracias sobre todo, a las revistas 1984, Cimoc o Zona 84, de cuyas páginas brotaron, respectivamente y entre otras, series como Zora y los hibernautas, Orka o Alex Magnum. Josep Beá impactó así mismo con sus Historias de taberna galáctica; Alfonso Font con Cuentos de un futuro imperfecto y la mordaz La parábola del marciano desconocido, incluida en Historias negras; Carlos Giménez con Dani Futuro y Érase una vez en el futuro... Pero, según Fernando Tarancón, responsable de la editorial especializada Astiberri, «cómic de ciencia-ficción en España no hay, en el sentido de que no existe una industria del cómic. Si estás hablando de 600 euros que se le pagan a un autor por tres meses de trabajo, no se trata de industria, es explotación. Hay tres o cuatro autores consagrados, como Alfonso Font o Daniel Torres, que todos los años publican un álbum; en el momento en que hacen ciencia-ficción, "hay" ciencia-ficción en el cómic español».
¿Se continuó con esa vena futurista en el cómic español? Diversos autores realizaron algunas obras interesantes durante la década de los 70-80, gracias sobre todo, a las revistas 1984, Cimoc o Zona 84, de cuyas páginas brotaron, respectivamente y entre otras, series como Zora y los hibernautas, Orka o Alex Magnum. Josep Beá impactó así mismo con sus Historias de taberna galáctica; Alfonso Font con Cuentos de un futuro imperfecto y la mordaz La parábola del marciano desconocido, incluida en Historias negras; Carlos Giménez con Dani Futuro y Érase una vez en el futuro... Pero, según Fernando Tarancón, responsable de la editorial especializada Astiberri, «cómic de ciencia-ficción en España no hay, en el sentido de que no existe una industria del cómic. Si estás hablando de 600 euros que se le pagan a un autor por tres meses de trabajo, no se trata de industria, es explotación. Hay tres o cuatro autores consagrados, como Alfonso Font o Daniel Torres, que todos los años publican un álbum; en el momento en que hacen ciencia-ficción, "hay" ciencia-ficción en el cómic español».
Ocasionalmente creadores como Fernando de Felipe (con sus alucinantes S.O.U.L. y ADN), José Beroy (y su apocalíptico 999), Miguel Ángel Prado (y su elegíaco Fragmentos de la Enciclopedia Délfica), Javier Rodríguez (y su irónico Love Gunn) o Leo Sánchez y Antonio Segura (con Bogey) regalan al aficionado interesantes reflexiones sobre la sociedad actual, trasladando sus inquietudes a un decorado futurista que incluso refuerza el punto de vista lúcido y crítico de su obra. «Miguel Ángel Martín, cuyo primer trabajo profesional, "Dog", fue publicado en "Zona 84"» —continúa Tarancón— «es quizá el único autor importante que sigue cultivando la ciencia-ficción, en un sentido muy clásico, el de aplicar al futuro hechos que acaecen en el presente: la incomunicación, las "snuff movies", el sexo frío y aséptico...». Mientras nuestros jóvenes creadores se deciden a dar una continuidad a este género, El mundo futuro de Boixcar existe como legado de un artista excepcional y ejemplo de un futurismo sin adulteraciones, en estado puro, capaz de emocionar más de cincuenta años después de haber sido concebido. Es la magia del buen cómic. Todo un arte.


















