domingo, 18 de enero de 2015

ROB ZOMBIE, LAS SINIESTRAS ARMONÍAS DE LA SORDIDEZ. Entrevista a Daniel Rodríguez Sánchez




La eclosión editorial que en nuestro país está viviendo el cine fantástico mediante la publicación de fanzines y libros especializados, propicia desde hace algún tiempo la aparición de jóvenes autores entrenados, sobre todo, en la siempre hiperactiva blogosfera. Daniel Rodríguez Sánchez (Gijón, 1984) es uno de estos nombres recién llegados consagrados al estudio del género fantástico y de terror, ámbito de la cultura popular que ha desgranado en numerosos textos pulsando sus variadas disciplinas: cómic, literatura, cine… Tras un previo periodo curtiéndose en diversas webs y blogs, firma ahora en solitario su primer libro –nº 1 de la Colección Ultramundo–, Rob Zombie. Las siniestras armonías de la sordidez (Tyrannosaurus Books, Barcelona, 2014), a su vez pionero ensayo en lengua española dedicado a la controvertida figura de este músico y cineasta norteamericano, responsable de obras tan estimulantes como su debut en el cine, La casa de los 1000 cadáveres (House of 1000 Corpses, 2002), o bizarras como la inquietante The Lords of Salem (The Lords of Salem, 2012). Obras estas, más el resto de su macabra filmografía, que personalmente me atraen y seducen por su delirante sentido del horror y la contundencia del universo malsano, no exento de un humor feroz, que Zombie plasma en impactantes pero sólidas imágenes, mediante un discurso tan particular como atractivo.
Es pues el presente libro una obra singular, por la que tengo un especial aprecio y que recomiendo para adentrarse en la tortuosa y enloquecida filmografía de este creador a contracorriente. Precisamente el entusiasmo que me suscitan los filmes de Zombie me animó a aceptar la gentil invitación de Miguel Díaz González, coordinador de la obra, para colaborar en sus páginas redactando el prólogo; no obstante, compruebo con tristeza que, finalmente, y en contra de lo habitual en el sector, no se me ha consignado como autor del mismo ni en las cubiertas (lo más usual) ni en los créditos ni en el índice del libro. En cualquier caso, rescato a continuación un fragmento de mi texto, para dar pie así a la charla mantenida con Daniel Rodríguez Sánchez, dispuesto a explicarnos la génesis del libro y las diversas claves de su trabajo como escritor y estudioso del inclasificable Rob Zombie: “Invito al lector a adentrarse en esta meticulosa aproximación a la obra del realizador, cuyos filmes cobijan, sin el menor empacho, la humorada salvaje, la alucinación mesiánico/satánica, la impudicia más licenciosa, trastornos singulares de la mente, personajes vesánicos inmersos en una furiosa atmósfera transgresora… y con un paradójico sentido de la coartada sociológica. Al fin y al cabo, no hay necesidad de justificar lo que, en la realidad paralela creada por Zombie, no precisa ser explicado: el nihilismo de un Mal que niega todo sentido a la vida tal y como la conocemos”.



Eres un autor relativamente joven, pero ya has demostrado una clara preferencia por el género fantástico. Cuéntanos cómo comenzó esa pasión tuya por este tipo de cultura popular y cómo empezaste a colaborar con diversas webs.

Mi admiración y devoción por el fantástico podría decirse que se inició simultáneamente con mi interés por el cine, a una edad bastante temprana. Aunque siendo un jovencísimo espectador me comenzó a atraer cualquier tipo de ficción, es en el terror y la fantasía donde encuentro mis mayores preferencias: estos géneros juegan con unas realidades complejas y en muchos casos perturbadoras, que habitualmente se utilizan para mostrar ese lado oscuro e inquietante de nuestra cultura. Esto no es algo que se pueda apreciar en el día a día (como sí podría ocurrir con otro tipo de géneros) y sus mecanismos acaban siempre por generar una conexión con el espectador en busca siempre de su inquietud. Me parece muy atrayente esa manera de mostrar el reverso oculto de la realidad, y que las clásicas películas de terror han sabido expresar muy bien. Mis inicios como escritor comienzan hará unos ocho años, cuando empiezo a colaborar con el portal Ultramundo gracias a la invitación de su responsable, Miguel Díaz. Aunque mis contribuciones a la web están enfrascadas principalmente en la crítica de cine, también me ocupo de la reseña de obras de otros medios como la literatura y el cómic. A partir de ahí me surgió la oportunidad de colaborar también con otras webs como Cine Maldito, además de mi participación en el llamado podcasting u otros eventos culturales.

En agosto de 2014 por fin te lanzas al ruedo de la blogosfera y fundas El Gabinete del Reverendo Wilson, inaugurándolo, si mal no recuerdo, con un Dossier Lovecraft…

La apertura de un blog era algo que tenía en mente desde hace tiempo. Me apetecía mucho la posibilidad de fundar un website propio en el que organizar de manera muy personal sus contenidos y características. Mi idea con El Gabinete del Reverendo Wilson, que aún se encuentra en un fase muy inicial, es la de crear un pequeño espacio donde dar cabida a ese sector más underground de la contracultura que consumo día a día. Siendo consciente del gran número de espacios similares que hay en la red, afronté el blog como un capricho personal: lo veo como un pequeño espacio donde esparcir mis impresiones sobre obras de diversa índole, haciendo hincapié en el fantástico y con el sano objetivo de congregar un modesto grupo de lectores con los que intercambiar opiniones. Y sí, uno de los primeros contenidos con los que di el pistoletazo de salida fue un dossier dedicado a la obra de H. P. Lovecraft; en estos momentos estoy inmerso en la lectura de su obra menos conocida, y me parecía una muestra perfecta del tipo de contenido que me gustaría que caracterizase al Gabinete. Aunque, como digo, la evolución del sitio es bastante lenta, ya que le dedico el poco tiempo libre que me dejan otros trabajos paralelos relacionados con la escritura.



Has debutado por todo lo alto en la bibliografía cinematográfica con un libro consagrado al cineasta Rob Zombie. ¿Qué te atrae de este polifacético artista estadounidense?

Digamos que el origen de mi interés por Rob Zombie es parejo al que me suscitan otros de sus compañeros de generación. Rob pertenece a una escuela de jóvenes realizadores, nacida con el encanto de lo espontáneo a principios de la década de los 2000, que quisieron ofrecer un impacto estético y formal al cine de terror de entonces. Nombres como Eli Roth, James Wan, Alexandre Aja, Greg Mclean o el propio Zombie han destacado por ofrecer una serie de productos de género tremendamente viscerales, explícitos, y con los aires guerrilleros y salvajes de la época dorada del cine de terror de los 70. Vi la eclosión de estos realizadores como una  respuesta actual a esa generación surgida décadas atrás donde gente como Wes Craven, Tobe Hooper, Bob Clark y un largo etcétera revolucionaron el género y le añadieron un árido realismo en base a una simbología violentísima, sin descartar incluso las connotaciones critico-sociales, pero dentro de un bajo presupuesto que les hacía luchar contra la escasez de medios con un excelso nervio narrativo. El caso de Rob Zombie me pareció el que mejor se amoldaba a esta mirada al pasado donde parece prevalecer su condición de espectador apasionado frente a la de realizador, añadiendo unas claras, perversas y personalísimas señas de identidad que ya se vislumbraban en las otras facetas que desarrolló antes de debutar en la dirección con La casa de los 1000 cadáveres.

¿Puedes contarnos cuál ha sido la génesis, el origen del libro? ¿Estás satisfecho del resultado final?

El origen de la publicación nos lleva a mi colaboración con Ultramundo. Miguel Díaz me encargó hace ya unos años la realización de un dossier analítico sobre la filmografía de Rob Zombie, bajo un formato de reseña que empezaba a implantarse en la web durante ese tiempo. Consistía en la división del texto en dos partes: una en la que desarrollar una crítica puramente cinematográfica, dejando en una segunda sección el estudio sobre los datos informativos de cada una de las películas. Debido a mi admiración por el artista, creció en mí un sentimiento de obligación por realizar el más completo trabajo que mi capacidad pudiera abarcar, así que me zambullí en una ardua labor de documentación e investigación acerca de la faceta cinematográfica de Zombie. Quedaron unos trabajos bastante extensos, por lo que Miguel me sugirió la posibilidad de dar el paso al formato libro y editar una monografía de Rob Zombie en papel. La idea me pareció fantástica y me dispuse a reescribir los textos con la intención de darles unidad, además de extender el estudio a las otras vertientes del autor, como la música y el cómic. De un artista tan personal como Rob, con unas particularidades tan arraigadas, me pareció indispensable abordar todas sus facetas artísticas para reconducir el análisis hacia sus personales rasgos de estilo. El proyecto se ofreció a Tyrannosaurus Books, que aceptaron de primeras, y la publicación se convertiría en el primer número de la “Colección Ultramundo”, una colaboración entre la editoral y la web donde dar cabida una serie de libros sobre cineastas que aún no tenían monografías propias (como es el caso de Zombie) o que no gozasen de un relevante análisis previo. Estoy muy contento con el resultado final, no sólo por la ilusión de ver en papel un proyecto que nace desde la pasión y trabajo diario de un medio tan injustamente subestimado como es un blog, sino también porque creo que mi particular visión global de Zombie ha quedado bien plasmada en el texto.



¿Cómo te planteaste tu acercamiento a la obra de Rob Zombie, siendo esta tan dispar y tocando varias disciplinas artísticas?

La estructura de la obra venía en parte marcada por el formato de reseña que he mencionado antes, que tanto Miguel Díaz en sus labores de coordinación como yo a la pluma  queríamos que fuese una de las señas de identidad de la Colección Ultramundo. Esta organización del texto me pareció bastante acorde a lo que tenía en mente para abordar todas y cada una de las constantes y señas de identidad del artista. Por ello, era indispensable que en el análisis puramente cinematográfico de cada una de sus películas estuviesen referenciadas sus particulares características de estilo, tanto las influencias puramente fílmicas como aquellas que se nutren de referencias sociales, contraculturales y de su oscuro y perverso ideario, las cuales pueden encontrarse además en las otras facetas abordadas por el artista. En el apartado dedicado a desentrañar todos los recovecos relacionados con los aspectos paralelos de cada una de sus obras, me pareció muy interesante la inclusión de la propia mirada de Zombie hacia el amplio bagaje (contra)cultural que compone su estilo, además de la valoración del propio artista sobre su obra. Debido a ello estudié buen número de entrevistas a Rob, que para mí como autor supuso la apasionante experiencia de inmiscuirme en la mirada de un creador sobre su propia obra y ese nutrido grupo de referencias ajenas por las que comparto admiración. De Zombie destaco cómo en cada una de sus facetas artísticas están presentes las constantes que conforman una iconografía que él mismo ha ido confeccionando en base a algunos de sus más oscuros apuntes biográficos y al consumo masivo de todo tipo de cultura underground. La manera en que estas diatribas tan personales confluyen en toda su obra, adaptándose a cada una de las facetas que ha tocado, era una auto-obligación autoral que tenía en mente abordar desde el inicio del proyecto.



¿Distinguirías diversos estilos en el cine de Zombie, dependiendo de la película, o responde su visión siempre a un ideario particular? Por ejemplo, películas como Los renegados del diablo (The Devil’s Rejects, 2005) o The Lords of Salem (2012) pueden parecer, a simple vista, muy diferentes en cuanto a estilo narrativo y visual…

Personalmente creo que Zombie es fiel a una simbología y estilo muy personales, que ha ido labrando y perfeccionando con el paso de los años. Da especial importancia a la estética como medio de exposición de su nervio narrativo, logrando con Los renegados del diablo la depuración de unas maneras que en La casa de los 1000 cadáveres se exponían casi de forma experimental. Precisamente citas The Lords of Salem, la película en la que su narrativa mutó para exponer un terror mucho más atmosférico, ambiental y con alto grado de abstracción, aprovechando la libertad creativa de la que gozaba en ese momento. Muchos se sintieron defraudados ante esto, de ahí la gran disparidad de críticas que tuvo la película, aunque yo la he asimilado como un paso más en su formación como cineasta. A pesar de las maneras y un cambio estético importante para/con su concepción del horror, las propiedades intrínsecas del Zombie cineasta están presentes: visceral pulso narrativo, sobre-exaltación visual de lo grotesco y esa personal y particular habilidad para ocasionar incomodidad. Creo que estamos ante un cineasta comprometido hasta el extremo con su ideario, aunque siempre dispuesto al aprendizaje y la evolución.

Bajo tu punto de vista, ¿crees que Rob Zombie es un cineasta respetado por la crítica “oficial” o de momento sólo goza del favor de los incondicionales del género fantástico? En cualquier caso, ¿piensas que Zombie busca el reconocimiento de la industria o, por el contrario, le agrada cierta marginalidad?

Creo que es de los nombres ligados al cine fantástico de la actualidad que más respeto ha obtenido por la crítica. Su tenaz compromiso con la vertiente más extrema del género está claro que no ha sido plato para todos los gustos, de ahí que muchas de sus películas sean tan alabadas como vilipendiadas. Sí es cierto que la incomodidad de sus discursos impide que sea tenido en cuenta en un ámbito general de la crítica especializada, pero su prestigio dentro del Fantastique queda fuera de toda duda. Respecto a la segunda cuestión que planteas, pienso que como autor sí ve con cierto agrado cualquier tipo de reconocimiento, aunque no entre dentro de sus deseos primordiales: es muy consciente de la sub-industria a la que pertenece su cine, la misma de esos cineastas que idolatra. Esto podemos extrapolarlo a sus otras facetas artísticas, donde ocurre exactamente lo mismo. Digamos que Zombie se siente cómodo y realizado como un artista muy simbólico en esa contracultura que él mismo idealiza, siendo consciente de que elevarse en ambiciones podría ser un error.



Zombie ha firmado su particular reboot de la saga Halloween de John Carpenter. Una serie ya muy codificada en la memoria cinéfila. ¿La ha llevado él a su terreno o se ha sometido a los dictados de lo ya existente?

Digamos que ambas opciones pueden considerarse como válidas. En Halloween. El origen (Halloween, 2007), primera parte de su díptico sobre Michael Myers, Zombie asume una responsabilidad de eterno respeto a la obra original de John Carpenter, cineasta al que adora y personalmente pidió permiso para verter sobre ella su privativo torrente visual. Rob quiso ampliar la figura icónica de Michael Myers ahondando en aquello que precisamente Carpenter no consideró necesario indagar, la infancia y supuesto origen de la maldad del villano. En esta primera película sí vemos muchos atisbos personales de las peculiares maneras de Rob, sobre todo en su calado visual, aunque en el último acto del metraje se centre sobre todo en repetir los planos y secuencias ya vistos en el film original. Las presiones y falta de independencia que le hizo sufrir Dimension Films le impidieron depurar a fondo una visión mucho más personal respecto a La noche de Halloween (Halloween, John Carpenter, 1978), a pesar de que el film, en esencia, acabó siendo una metódica revisión visual del slasher como (sub)género. En Halloween II (2009) cambiarían las tornas, ya que Zombie sólo aceptó realizarla bajo una libertad autoral que finalmente consiguió, logrando un estudio  surrealista, onírico y hasta en cierta medida melancólico de la personalidad del monstruo, una peculiar visión del psychokiller como icono contracultural. Posiblemente en esta segunda parte nos encontremos con el auténtico punto de vista que utiliza Rob Zombie para asimilar el slasher, lejos de cualquier atadura, donde “intoxica” el (sub)género con todo su ideario, para acabar dando forma a la película más compleja de su carrera.

Zombie ha tocado incluso el cine de animación. ¿Cómo encaja The Haunted World of El Superbeasto (2009) en su filmografía?

Una de las facetas de Rob Zombie, y mucha gente la desconoce, es la de la ilustración, que incluso le llevó a iniciar estudios relacionados con esta materia en su adolescencia. Aunque al final los abandonó, siguió muy íntimamente ligado a esta disciplina llegando incluso a ser un autor de cierto prestigio en el mundo del cómic. Así, desarrolló una pasión paralela por la animación y una fiel adoración por uno de los nombres más populares en esta vertiente, Ralph Bakshi, quien frecuentó un cine de animación más enfocado al público adulto, algo realmente chocante en un género que muchos ven como exclusivo para los más pequeños. Entonces, Zombie planteó hacer, a modo de divertimento, un film de animación en la línea adulta de Bakshi, aunque como en casi todo lo relacionado con Rob, la premisa se lleva hasta el exceso. Así, surge The Haunted World of El Superbeasto, basada en uno de los cómics de su propia creación y que puede considerarse dentro de su filmografía como un capricho casual, con poca relevancia respecto al resto de sus obras, pero donde revierte con una muy interesante vis cómica las constantes de su cine, con multitud de guiños y autoreferencias incluidas.



Artículos y entrevistas en publicaciones periódicas aparte, si no me equivoco tu libro sobre Rob Zombie es la primera monografía sobre este cineasta publicada a nivel mundial. Esta particularidad, y teniendo en cuenta que Zombie aún es un creador joven y en activo, ¿te ha hecho sentir una presión o una responsabilidad especial, al no tratarse de un cineasta fallecido? ¿O es indiferente?

Durante la escritura, por mi parte hubo un desconocimiento absoluto de la posible existencia o no de una monografía sobre Rob a nivel internacional. Es más, daba por hecho de que al menos en Estados Unidos sería fácil encontrar algún tipo de publicación sobre su figura. Sí es cierto que conocía el dato de que a nivel doméstico Rob Zombie. Las siniestras armonías de la sordidez iba a ser el primer libro publicado en España sobre el artista, lo cual en cierta medida  genera una responsabilidad: Rob es una celebridad con un número considerable de seguidores y es normal que el libro lleve implícito el deseo de que a todos ellos les aporte un contenido interesante. El problema que veo a la hora de publicar un ensayo sobre un cineasta no fallecido, es que si se trata de una figura de un calado tan marcado y estilo tan personal, habitualmente las formas y maneras artísticas varían con el paso del tiempo; con esto, quiero decir que una de las peculiaridades más interesantes del estudio de una filmografía es valorar el peso de cada obra dentro de ella, y si tratamos con una producción en continuo crecimiento la publicación corre el riesgo de quedar parcialmente obsoleta. Aun así, estoy contento porque mi valoración sobre el peso de Rob Zombie dentro del cine de género actual creo que ha quedado bien expuesta y planteada.



¿Qué dirías a aquella facción de la crítica que menosprecia el cine de Zombie tachándolo de zafio o mediocre? ¿Se precisa una sensibilidad especial para acercarse a su cine?

Como se suele decir, toda obra es susceptible de crítica y en cada análisis debe existir la libertad de opinión… Seguramente exista una parte de la crítica especializada que tendrá sus motivos y/o gustos para usar semejantes adjetivos, aunque también está claro que dentro de la misma vertiente de análisis hay muchos prejuicios hacia el cine fantástico en general, y a las altas dosis de extremismo en particular. En tu segunda cuestión creo que está la clave: creo que su arte es lo suficientemente válido para que cualquier persona con un mínimo de interés cinéfilo pueda saber apreciar las dimensiones de su simbología, aunque también es cierto que su cine parte de unos referentes muy específicos que disfrutarán más aquellas personas con unas inquietudes similares, no sólo en cuanto ideario o simbología, sino en lo que respecta a la forma de adentrarse en el horror en sus formas más excesivas.

¿Qué ha supuesto para ti, como autor, el salto desde internet al papel impreso? ¿Has notado diferencias entre ambos medios?

A la hora de escribir y afrontar los textos no me supuso mayor problema, a pesar de sufrir el cambio de medio a mitad de todo el proceso. La gran diferencia, haciendo una valoración global sobre la creación de la obra, es que la independencia que da un medio como Internet genera bastante más tranquilidad, cuando elementos como el límite de espacio o estilo narrativo vienen prácticamente relacionados con la libertad del autor. Pero es cierto que, a la hora de afrontar los textos como algo publicable a nivel físico parece surgir un mayor nivel de responsabilidad, ya que normalmente en el papel escribes para alguien externo, con quien quieres cumplir unas expectativas dadas de antemano. En esencia, no debería ocasionar ningún trastorno al trabajo final, pero sí creo que al menos bajo mi experiencia publicar en papel genera un compromiso extra.



Tras este prometedor debut, ¿tienes en mente más proyectos, algún otro libro?

Afortunadamente, al momento de escribir estas líneas, estoy inmerso en una obra de autoría colectiva dedicada al incombustible productor Charles Band y su mítica compañía Empire, que editan conjuntamente AppleHead Team y el equipo de Ultramundo. Grata experiencia para mí, ya que aquí es un placer compartir pluma con analistas de gran talento y me ha permitido adentrarme en cierta manera en el imaginario tan peculiar de Band y su ristra de extravagantes películas. Tengo en mente varias ideas para futuras publicaciones, que aún he de matizar y discurrir. De momento, puedo afirmar que todas ellas están relacionadas con el fantástico y el cine exploitation, tendencias en las que más a gusto me siento escribiendo.

¿Quieres añadir alguna cosa más, a modo de conclusión?

Agradecerte enormemente, Javier, la entrevista y el enorme interés que has mostrado en la publicación ya desde prácticamente su génesis. Y respecto a Rob Zombie. Las Siniestras armonías de la sordidez esperar que haga disfrutar tanto a los acólitos de Rob como  aquellos atrevidos cinéfilos que no conozcan nada de su polifacética carrera.

lunes, 8 de diciembre de 2014

JANE EYRE (Jane Eyre, 2011)



PASIÓN GÓTICA
 
Hace algunos años Cary Fukunaga estrenaba su opera prima, Sin nombre (Sin nombre, 2008), un interesante acercamiento a la doble problemática de los “espaldas mojadas” y las letales maras. El empeño antropológico del film se intoxicaba con elementos románticos y aventureros, configurando una atractiva mixtura entre el drama social, el thriller, la road movie y el western. Yo escribía entonces que su periplo suponía para la joven pareja protagonista “una toma de conciencia de otras realidades (ambos provienen de mundos distintos pero igualmente infortunados), así como una evolución en sus sentimientos de solidaridad y amistad” (1). En cierto modo, la nueva obra de Fukunaga, Jane Eyre, traslada esa búsqueda de autoconocimiento y exploración del otro que palpitaba en Sin nombre a una historia y una época muy diferentes. Las descritas por la autora inglesa Charlotte Brontë en su magnífica novela gótica Jane Eyre, publicada, con éxito instantáneo, en 1847.


La pregunta que, por lógica, nos hemos formulado muchos comentaristas al tener conocimiento de este proyecto, y recordando que el libro en el que se inspira ha legado ya innumerables adaptaciones a la pantalla (las dos primeras en 1910, nada menos), era obvia: “¿tiene algo nuevo que ofrecernos?”. Contra todo pronóstico, la respuesta es positiva. O, al menos, lo es en gran medida, pues el film aporta una particular y estimulante combinación entre naturalismo y morbidez: la atmósfera enfermiza y mortecina que pesa sobre unos personajes esclavizados por las convenciones sociales y los miedos inculcados, no oculta, sino que potencia, sus deseos y anhelos. La tensión generada por esta lucha se expresa no sólo a través de miradas y gestos fugaces, también por el modo en como Fukunaga filma el entorno, los parajes, el viento azotando los arbustos, las nubes sombrías avanzando sobre los tejados de la casa solariega, los verdes prados rotos por afiladas piedras… Todo indica que el espíritu bulle y combate por quebrar las pesadas cadenas que lo atenazan.


Esta figura de la naturaleza como reflejo de las tensiones interiores de los personajes, fundamental en la novela romántica cultivada durante el XIX, se halla también presente, con mayor fuerza, en el libro de Emily Brontë, hermana de Charlotte, Cumbres borrascosas (editada en idéntico año que Jane Eyre). Ambos trabajos guardan similitudes en cuanto a tono trágicamente romántico y atmósfera lindante con lo fantástico, e incluso el horror gótico. Tales afinidades, que no excluyen elementos autobiográficos, se explican en las vivencias de ambas hermanas, desgraciadas en la vida y el amor. De hecho, la propia Charlotte, como Jane Eyre en su novela, pierde a su madre a edad temprana y es enviada a un severo colegio donde enferma de tuberculosis. Más tarde, se ve obligada a ingresar en un internado de Bruselas, de cuyo profesor, mucho mayor que ella, se enamora sin remedio. Debe sin embargo abandonar la institución y regresar a Inglaterra, pues su tía fallece. Y pocos años después publica su Jane Eyre, donde refleja todo su dolor por un amor tortuoso y la soledad sufrida en tal escenario. Quienes hayan leído la novela detectarán paralelismos entre la narración y el discurrir vital de la autora. Sin duda de ahí proviene la intensa carga emocional que destila la obra literaria, en absoluto derrotista, pues Charlotte sublima en su personaje toda la fuerza y el coraje necesarios para sobrevivir en una época no especialmente grata para la condición femenina, sometidas como estaban las mujeres al yugo de las arcaicas convenciones de la sociedad británica de entonces. La Jane Eyre del texto y su alter ego cinematográfico no se resignan en modo alguno a un destino marcado que las condena a ser, en el mejor de los casos, comparsas de los hombres. En este sentido, Cary Fukunaga destaca la especial relación que surge entre Jane (Mia Wasikowska) y su empleador, el dueño de la apartada mansión Thornfield donde ella ejerce como institutriz, Lord Rochester (Michael Fassbender), un hombre de mundo, mayor que ella, recio pero taciturno, amargado por un insondable secreto y en apariencia inaccesible: “Hay muchas razones por las que conectan. La capacidad de amar de Jane es, sin duda, muy importante para Rochester, que la conoce extremadamente herido por su primer matrimonio. Aunque Jane es apasionada, su conexión primigenia se halla en lo intelectual, en el modo en que ambos ven el mundo. El amor llega después. Pero antes de eso está el respeto. Rochester respeta a Jane por su capacidad intelectual y su personalidad. Se da cuenta de que ella no es alguien con quien se pueda jugar” (2).


Fukunaga se permite, también, alterar la estructura original del relato, cuyas incidencias son expuestas por la autora con linealidad cronológica. El director, con perspicacia y una intuitiva reescritura que potencia el suspense del film, ya desde la primera escena sobrecoge al espectador sumergiéndole de lleno en un instante de intenso dramatismo: Empezar con un segmento avanzado de la trama y pasar después a explicar todo con ‘flashbacks’ […] me pareció que era una buena idea, ya que le daba un aspecto narrativo muy contemporáneo a la historia. La misma novela impone un gran sentido del misterio en los capítulos que se desarrollan en Thornfield, por lo que tenía sentido empezar la cinta de este modo” (3). Estrategia que implica, además, una interesante y fundamental novedad, pues se subraya el carácter subjetivo del drama mediante esta fragmentación que sitúa en primer término las íntimas percepciones, la impresión sensorial experimentada por Jane. A partir de este instante queda claro que el cineasta no va a someterse al dictado y la impronta de otras adaptaciones canónicas. Fukunaga respeta el espíritu de la novela, pero sin doblegar su propia creatividad. De ahí que destaque su película, positivamente, entre el batallón de versiones previas, algunas muy recordadas: entre ellas, y con especiales méritos, las firmadas por Christy Cabanne, Robert Stevenson, Delbert Mann y Franco Zeffirelli respectivamente en 1934 (con Virginia Bruce y Colin Clive), 1943 (con Joan Fontaine y Orson Welles), 1970 (en realidad un telefilme estrenado en España en salas comerciales, con Susannah York y George C. Scott) y 1996 (con Charlotte Gainsbourg y William Hurt).


No me resisto a finalizar este texto con una cita a la novela, cuya lectura recomiendo, y me permito aquí reproducir un breve párrafo como ejemplo de excelencia literaria y del sentido trágico de su narrativa; también como muestra del intenso carácter de su personaje principal, quien, en un momento dado, se dirige al propio lector (a nosotros), para contarle, mediante siniestra fábula, el estado de su ánimo, la conmoción de haber rozado el cielo y a continuación perderlo todo: “Un enamorado divisa a su amante dormida en el césped y desea contemplarla de cerca sin interrumpir su sueño. Avanza, cauteloso; se para creyendo que ella se mueve; se retira, temiendo que le vea… Pero todo está tranquilo y entonces vuelve a avanzar. Se inclina sobre ella lentamente, gozando de antemano con la visión de la belleza que va a admirar. Y de pronto se sobresalta, se precipita, sujeta fuertemente entre sus brazos a la que un momento antes no osaba tocar con un dedo. Pronuncia su nombre a gritos, la mira con desesperación. ¡Porque ella no puede contestarle! El enamorado había creído dormida a su amada… y la encuentra fría e inmóvil como una piedra”.



Notas

1.- Javier G. Romero: crítica de Sin nombre en Revista de cine, nº 17 (Cine Club UNED, Soria, 2010).
2.- Entrevista a Cary Fukunaga en www.cineparasimples.com (17-10-2011).
3.- Sergio Burstein: entrevista a Cary Fukunaga y Mia Wasikowska en www.mangazon.com (11-03-2012).

JANE EYRE (Jane Eyre, 2011)
Reino Unido / Estados Unidos. 120 minutos
D: Cary Fukunaga. P: Alison Owen y Paul Trijbits para Ruby Films y BBC Films. G: Moira Buffini, basado en la novela de Charlotte Brontë. M: Dario Marianelli. F: Adriano Goldman. Mo: Melanie Ann Oliver. Dis. prod.: Will Hughes-Jones.
CAST: Mia Wasikowska (Jane Eyre), Michael Fassbender (Rochester), Judi Dench (Sra. Fairfax), Jamie Bell (St. John Rivers), Su Elliot (Hannah), Holliday Grainger (Diana Rivers), Tamzin Merchant (Mary Rivers), Sally Hawkins (Sra. Reed), Amelia Clarkson (Joven Jane), Rosie Cavaliero (Grace Poole), Imogen Poots (Blanche Ingram).

jueves, 19 de junio de 2014

"CINE-BIS" EN FILMOTECA ESPAÑOLA

El viernes 28 de marzo de 2014 tuvimos el honor de presentar en la madrileña sede de Filmoteca Española el nº 1 de Cine-Bis (publicación que saqué a la luz a finales del año pasado y de la cual puede leerse más información en la entrada de este blog fechada el 6-10-13). A las 19:30 h, en la Sala 1 del Cine Doré, nos reunimos algunos de los artífices del número inaugural para compartir con todos los aficionados que abarrotaban la platea nuestra satisfacción por el nacimiento de Cine-Bis. Carlos Aguilar, como anfitrión, y Pablo Herranz, Ángel García Romero, Fernando Rodríguez Tapia y un servidor, llegados respectivamente desde Valencia, Soria, Valladolid y Bilbao, contamos a los asistentes nuestras impresiones tras esta ilusionante experiencia editorial. Y además, como complemento posterior a la charla, pudimos disfrutar de la proyección en VOS de uno de los títulos fundamentales de la Blaxploitation, nada menos que Las noches rojas de Harlem (Shaft, Gordon Parks, 1971).
Un auténtico placer para nosotros reunirnos en Madrid y pasar unos días en compañía también de la mujer de Carlos, Anita Haas, los entrañables Eugenio Martín y Lone Fleming, y algún veterano colaborador de Quatermass, como Pedro Gutiérrez Recacha; todos compartimos apasionadas charlas cinéfilas, y, naturalmente, buena mesa: la tournée gastronómica, indispensable en estos casos, incluyó restaurantes no poco emblemáticos como Volapié, Cinco Jotas, la Bodeguilla Los Rotos, el cubano La Colonial… Así como las inevitables visitas a las librerías “de viejo” y las famosas casetas de la Cuesta de Moyano, en busca del ejemplar raro, antiguo o descatalogado, y donde conseguimos algunas interesantes joyas fechadas en los años 50 y 60.
En cualquier caso, y para dejar constancia en este blog de tan inolvidable paso por Filmoteca, transcribo aquí nuestras intervenciones durante la presentación, acompañando el texto con diversas imágenes del acto.
Desde este blog, y desde Cine-Bis, quiero asimismo agradecer de manera especial a Catherine Gautier, directora adjunta de Filmoteca, su gentil y excelente gestión en lo relativo a la celebración del evento.


CARLOS AGUILAR: Hola, buenas tardes, gracias por estar aquí acompañándonos en un momento que para nosotros es muy especial. Es muy especial, subjetivamente, por la implicación que hemos volcado en esta publicación, y también lo es, objetivamente, porque no todos los días aparecen revistas de cine en España. Esta, además, es una publicación bastante insólita en todos los sentidos: la manera en que está hecha, los temas que aborda, etc. Se llama Cine-Bis, como veis, y para mí es un honor estar aquí con el coordinador, diseñador, responsable máximo de la revista, y con cuatro colaboradores igualmente excelsos que han cubierto las partes correspondientes. Sin más, les voy a dar la palabra para que cada uno hable de cuál es su valoración, de qué ha supuesto para ellos participar en esta revista, en este primer número de Cine-Bis al cual auguramos una vida larga y fructífera, siempre bajo el mismo planteamiento que ha presidido este primero, es decir, cubrir huecos: hablar de una serie de temas de los cuales no hay bibliografía, o apenas, o de manera muy dispersa en lengua española, de forma que así exista una opinión responsable, cualificada y, espero también, inteligente sobre estas lagunas tristes que hemos tenido hasta ahora. En primer lugar habla Ángel García Romero, que ha cubierto la parte de la ciencia-ficción catastrofista del cine americano de los años 60-70.

ÁNGEL GARCÍA ROMERO: Estoy encantado de estar aquí presentando esta publicación en la que, de todos los colaboradores que han trabajado con Javier, quizá yo sea el más veterano, por razones obvias debido a que somos hermanos; he colaborado con él en todas sus publicaciones, desde las más amateurs, allá en nuestra tierna infancia, hasta esta que presentamos ahora, pasando por Quatermass, por supuesto, que quizá sea la más conocida. Normalmente yo me he encargado de las secciones musicales, bandas sonoras y compositores cinematográficos, que es mi especialidad, pero en esta ocasión mi hermano me propuso este tema sabiendo que es una modalidad que a mí me interesa bastante, la ciencia-ficción catastrofista característica de la mentalidad pesimista que se impuso en Estados Unidos durante esa época, una década, los años 70, que me resulta particularmente grata. Además, el cine objeto de mi estudio tiene características insólitas que trascienden la mera visión apocalíptica, al integrar las preocupaciones propias de la época: la superpoblación, la falta de recursos naturales, el interés por la ecología, la violencia y la inseguridad ciudadana, la aparición de virus mortales…  Por supuesto no pude negarme a colaborar con Javier, ni quería negarme, pues para mí siempre es un placer trabajar con él. Realmente, espero que de los que estéis aquí algunos conozcáis la revista y quienes no la conozcáis espero que hagáis lo posible por conseguirla y por disfrutar con mi artículo y, así mismo, con los de mis compañeros.


CARLOS AGUILAR: Habla ahora Pablo Herranz. Al igual que Ángel ha venido expresamente de Soria, Pablo ha hecho lo propio desde Valencia y ha cubierto una parte también muy interesante en la revista, como son las adaptaciones al cine de las novelas del escritor italiano Leonardo Sciascia.

PABLO HERRANZ: La verdad es que cuando me llamó Javier G. Romero para colaborar en esta nueva publicación me pareció un proyecto muy interesante, sobre todo porque bajo el subtítulo “Cine de género alrededor del mundo” se adivina un concepto bastante novedoso, una plataforma mediante la cual se pueden abordar una serie de temas con muy poca bibliografía. En mi caso, le propuse un artículo muy al estilo americano, que consiste en unir un par de películas con un nexo común; en este caso me tocó hablar del “Dueto siciliano”, dos novelas, A cada uno lo suyo y El día de la lechuza, escritas en los años 60 por Leonardo Sciascia, que fue luego diputado del PCI, y que disfrutaron de dos prontas adaptaciones en la misma década, unidas también por el nexo común que supone disponer del mismo guionista, Ugo Pirro. Además de dar paso a lo que fue el cine italiano sobre la Mafia, en base a estos dos libros firmados por una persona que conocía de primera mano lo que es el fenómeno mafioso. Fenómeno, por otra parte, que sigue existiendo en la actualidad; tú vas a Palermo y allí siguen pagando el “pizzo”, el impuesto de la Mafia, mientras conviven con camisetas de “El Padrino”. Por tanto, era muy interesante hablar de estas películas a las que no se había dado la importancia debida como iniciadoras, nada menos, que del Poliziesco, el cine policiaco italiano, género que, por otra parte, tiene un complemento magnífico en este nº 1 de Cine-Bis con la entrevista a Fernando di Leo que firma Carlos.

CARLOS AGUILAR: Como suele decirse, yo de mi participación no hablo, para no extenderme; pero ya que lo ha mencionado Pablo, sí, he aportado dos entrevistas, una con Fernando di Leo, que era un productor, director, guionista italiano muy loco, muy bestia, muy interesante, absolutamente anómalo, no precisamente modesto tampoco, del que quizá hayáis visto alguna película, como Nuestro hombre de Milán, Secuestro de una mujer o Milán, calibre 9. Y con Helga Liné, actriz alemana afincada en España, pero que ahora vive en Argentina, y muy representativa del formidable cine Bis europeo de los años 60-70. Pues bien, tenemos otro invitado, también venido expresamente a Madrid para la presentación, en este caso de Valladolid, Fernando Rodríguez Tapia, que ha cubierto la parte del Blaxploitation, que es como se denomina de un tiempo a esta parte estas películas de acción que se hacían a primeros de los años 70, protagonizadas por afroamericanos y dirigidas en teoría también a un público afroamericano; en cualquier caso, tuvieron tal éxito que la audiencia se amplió, modalidad de la cual el paradigma, el primer éxito de verdad, es precisamente la película que hemos escogido para hoy, Las noches rojas de Harlem, que introduce el personaje de Shaft. Adelante, Fernando.


FERNANDO RODRÍGUEZ TAPIA: Cuando Javier se puso en contacto conmigo, primero me quedé un poco perplejo, pero luego acepté sin pensarlo más. Primero, porque podía hablar de una de mis pasiones, la cultura y el cine afroamericanos, y luego porque me permitía dar rienda suelta a una serie de títulos y reflexiones que podía aportar, e ir un poquito más allá de lo habitual en los acercamientos a la Blaxploitation o al cine afroamericano de los 70. Mi artículo está dividido en dos mitades: en esta primera parte, que es la publicada en este Cine-Bis, hablo sobre todo de los orígenes, de las bases sobre las que se asienta, pero también de su manifestación más conocida, el thriller, el policiaco, modalidad que se extiende durante prácticamente toda la década. Lo he enfocado simplemente dando unas pautas para que quien no lo conozca se familiarice con ello; de la misma manera que yo en un momento dado me enganché, si después de leerlo el aficionado experimenta un mayor interés, puede seguir indagando ya que posee muchos ingredientes disfrutables, hay películas buenas, malas, muy malas, pero numerosas aportaciones, elementos de índole social, bandas sonoras maravillosas... Pienso, además, que el resultado final de Cine-Bis ha quedado muy setentero; yo que soy un enamorado de la cultura de los 70 creo que la revista posee muchas referencias al cine de esa época, y a la riqueza social, cultural, de aquel momento. Naturalmente, y por último, quiero decir que estoy encantado de colaborar con gente a la que he leído y he admirado durante muchos años.

CARLOS AGUILAR: Le ha llegado el turno a Javier G. Romero, el creador, el alma mater, el diseñador, el editor…, el todo de Cine-Bis, y que además se ha encargado de un par de textos, sobre el cine fantástico filipino y una entrevista al director del fanzine Monster World.


JAVIER G. ROMERO: Bueno, muchas gracias Carlos por esta introducción, muchas gracias también a Filmoteca por darnos la oportunidad de presentar aquí nuestra publicación, y gracias a vosotros, por supuesto, por estar aquí para escucharnos y conocer la existencia de nuestra revista. Efectivamente, como consecuencia obvia de otras publicaciones mías anteriores, concretamente de Quatermass, que es una revista especializada en cine fantástico, uno de los géneros populares más emblemáticos, parecía lógico pensar que antes o después yo podía meterme en este “berenjenal” de sacar adelante una publicación tan en principio complicada como Cine-Bis, dedicada a todos los géneros cinematográficos, todos los géneros populares por antonomasia. La idea de Cine-Bis es tratar, sin exclusiones, el western, el musical, el cine de animación, el cine erótico, el cine de aventuras en todas sus modalidades, el policiaco y el thriller, la comedia, el fantástico, el terror, la ciencia-ficción…, sin caer, no obstante, en el frikismo gratuito, sino desde un punto de vista riguroso, pero haciéndolo asequible a todo tipo de lectores y aficionados, desde los más exigentes hasta los que empiezan y quieren tener una primera toma de contacto con los géneros en estado puro. No tiene exactamente Cine-Bis un carácter, digamos, retrospectivo, por mucho que nos centremos sobre todo, pero no de forma exclusiva, en las cinematografías de los años 60 y 70; lo que se pretende, de alguna manera, es recordar a los más veteranos aquel cine de su infancia, adolescencia y juventud, así como darlo a conocer a las nuevas generaciones y, por supuesto, darnos la ocasión a nosotros, que lo vivimos en mayor o menor medida, dependiendo de la edad, de sumergirnos en un cine que nos es tan grato, pues ha supuesto un hito especial en nuestra formación sentimental, incluso intelectual. El cine de los 60, el de los 70, es hoy en día el gran olvidado, una época en la que se hacían películas que en la actualidad sería imposible sacar adelante en la industria coetánea. Películas en muchas ocasiones incluso políticamente incorrectas; las vemos hoy y nos preguntamos cómo es posible que en los años 70 se hiciese tal o cual película, con esta u otra temática. Hoy sería impensable en el reino de lo políticamente correcto, que lo está corrompiendo todo, sería directamente inviable. Por esta razón creo que Cine-Bis aporta también ese punto de vista, esa plataforma para acercarnos a un cine que, aunque algunos lo ignoren o lo rechacen, supuso el pilar sobre el que se asienta hoy la industria del cine en general. Antes que nada, quiero hacer un aparte para reconocer a mi equipo de colaboradores sus excelentes textos, nunca estaré lo suficientemente agradecido. Incluyo, claro está, a Pablo Fernández y Adrián Sánchez, respectivamente autores de los artículos sobre el cineasta Alain Corneau y la película checa El incinerador de cadáveres, y que debido a diferentes obligaciones no han podido estar hoy aquí con nosotros. Todos ellos han sabido sacar de cada tema hasta la última substancia, hacerlo asequible, emocionante, transmitir sus vivencias…. Ya os digo que muchos hemos vivido aquel cine en su época; y sobre todo también han sabido ser didácticos y poner a nuestro alcance, de forma ordenada e inteligible, una serie de conocimientos, de nombres y de títulos que conviene rescatar. Aprovechad los que consigáis un ejemplar de Cine-Bis para revisar esas películas en DVD o en plataformas digitales, porque merece la pena recuperar este cine que yo me atrevería a calificar como muchísimo más apasionante que el que se está haciendo hoy en día; no porque sea moderno ha de ser necesariamente peor, pero aquel cine, como os digo, se revela audaz, inquieto y, sobre todo, políticamente incorrecto; pero todo dentro de un orden, tampoco nos desmadremos. Bueno, sin más, yo me reitero y os agradezco que estéis aquí. Le paso la palabra a Carlos Aguilar.



CARLOS AGUILAR: Simplemente, agregarme a lo que ha dicho Javier, porque me parece que conviene hacer hincapié en ello, y es que no se trata de una revista freak; no tenemos nada contra lo freak, simplemente no nos gusta lo freak. Lo cual supongo que significa tener algo contra lo freak. Bueno, bromas aparte, son textos que están muy cuidados, la maquetación igualmente, a todo color, busca sobre todo una elegancia en la presentación y un respeto a los temas tratados; de lo más alto a lo más bajo lo merece, y merece una aproximación realmente cualificada, seria, objetiva y subjetiva al mismo tiempo, pero, insisto, con elegancia y con estilo. De ahí que en este número coexistan desde el Blaxploitation, que por supuesto era directamente casposo, pero que como nos ha explicado Fernando poseía muchos valores, hasta un cineasta francés tan interesante, tan selecto, tan exquisito incluso, como Alain Corneau. Siempre se le recuerda por Todas las mañanas del mundo, una película maravillosa sobre música clásica, pero realmente sus mejores títulos son los policiacos que hizo con Yves Montand, y así queda reflejado. Pero no sólo Corneau, así mismo el Blaxploitation o el cine de terror filipino, que también era muy cutre pero es curioso de conocer. Entonces, se trata de una aproximación elegante y cualificada a temas de todo tipo con el vínculo del cine de género. Para mí confieso que ha sido un placer trabajar con Javier, hemos colaborado juntos muchas veces a lo largo de unos veinte años, redondeando fechas. A veces me ha llamado él a mí, otras veces le he llamado yo a él… Hicimos juntos el libro sobre mi querido amigo John Phillip Law, actor americano, desgraciadamente fallecido un poco antes de que saliera de imprenta, y fue muy triste, muy doloroso para Javier y para mí; aquélla fue una de las colaboraciones sin duda más intensas, más estrechas que hemos compartido. Por supuesto, seguimos colaborando para el siguiente número, y aquí estamos. Os dejamos con Shaft, que en su día fue una película muy popular también en España; yo recuerdo haberla visto cuando se estrenó en el finado Palacio de la Música, allá por el año 72, y la canción sonaba continuamente por todas partes, un tema que compuso Isaac Hayes dentro de una banda sonora soberbia que hizo un trombonista de jazz, genial, muerto hace poco, J.J. Johnson. Muchas gracias por escucharnos, y larga vida a Cine-Bis.


martes, 10 de diciembre de 2013

UN HOMBRE, CINCO BALAS. Entrevista con Carlos Aguilar


UN HOMBRE, UNA NOVELA, CINCO BALAS
A RITMO DE JAZZ, CHARLANDO CON CARLOS AGUILAR

La génesis de Un hombre, cinco balas abarca más de un lustro de esta última, prolífica y ejemplar etapa en la carrera de Carlos Aguilar, jalonada por sus magníficos Sergio Leone (2009), Clint Eastwood (2009), Jesús Franco (2011), Mario Bava (2013), su apabullante Guía del Cine, auténtico clásico de la bibliografía cinematográfica española... Y a pesar de una brillante trayectoria de varias décadas, sin el menor signo de cansancio e incluso dando muestras de una originalidad y energía crecientes, el autor madrileño es capaz de presentarnos trabajos tan estimulantes como Cine y Jazz (Ediciones Cátedra, 2013) ya comentado en una anterior entrada de este blog— y Un hombre, cinco balas (Calamar Ediciones, 2013), su quinta novela tras La interferencia (1990), Simbiosis (1994), Coproducción (1999) y Nueve colores sangra la luna (2005), y con las que su nueva obra guarda más de un punto en común, como veremos.
Tan incesante actividad, además abarcando las más variadas disciplinas, desde el ensayo hasta la narrativa, pasando por el estudio historiográfico y, últimamente, también el relato, me ha motivado a charlar con Carlos sobre diversos aspectos de sus recientes trabajos, en algunos de los cuales he tenido el inmenso placer de colaborar, como es el caso de Un hombre, cinco balas, de cuyo diseño y maquetación me he encargado, además de firmar el prólogo. De éste reproduzco un fragmento en el que expreso algunas de mis consideraciones acerca de esta disfrutable novela: "Elementos de thriller, diálogos precisos y afilados, amores extremos o enfermizos, personajes femeninos apasionantes, explosiones de violencia a cargo de villanos depravados, así como de héroes menos intachables de lo que su imagen pública sugiere; desesperación y muerte, inocencia mancillada, memoria y nostalgia aliadas para provocar dolor... Constantes en la obra de Aguilar, aquí envueltas en un lirismo seco y lacónico, en ocasiones sombrío, siempre lacerante, tenso, más propio de la novela negra que del convencional western de frontera del cual la narración a menudo se aparta en el tono. Pero no sin apropiarse de una serie de elementos reconocibles, que en manos del autor se impregnan de un asfixiante clima opresivo, que no desprecia abrazar un inquietante onirismo en determinados pasajes".
Ahora bien, nadie mejor que el propio Carlos Aguilar para trasladarnos sus impresiones acerca de tan vibrantes trabajos. Es, pues, el turno del autor.


Este año has firmado tres ambiciosos trabajos: un ensayo sobre un cineasta de culto (Mario Bava), una obra enciclopédica que además del cine abarca disciplinas musicales (Cine y Jazz) y una novela ambientada en el lejano Oeste (Un hombre, cinco balas). Por el hecho de venir firmados por el mismo autor, y a pesar de su diversidad temática, ¿piensas que puede llegar al mismo tipo de lector, o buscan abrirse a otros perfiles?

Lo ideal para mí sería que llegaran al mismo público, por motivos comerciales pero también estéticos. Es decir, sería maravilloso que existieran personas que conecten con estos tres gustos por igual. Si los aglutino yo, me gusta pensar que no soy único, que hay más gente que disfruta indistintamente del maravilloso cine de género de los años 60/70, que simboliza por ejemplo Bava, del Jazz y del Western. Pero también sé que habrá gente que de estos tres gustos, compartan sólo dos. Y la habrá también que sólo uno. En cualquier caso, no me parecen incompatibles. Sin ir más lejos, varias películas de Bava incluyen Jazz, y entre el protagonista prototípico de un western y el jazzman emblemático existen rasgos en común, tal como intento explicar en el prólogo de Cine y Jazz. Aunque el ejemplo con mayúsculas estriba en Clint Eastwood, dado que es Jazz y Western al cincuenta por ciento, amén de que algunos de sus thrillers tienen elementos del Giallo que creó Bava. O sea que a un admirador del cine de Eastwood bien pueden interesarle estos tres nuevos libros míos... y no sólo el que escribí sobre el propio Eastwood. ¿Y quién no admira el cine de Eastwood?

La confección de Cine y Jazz, por lo ambicioso de su enfoque y contenidos, se antoja agotadora. Reunir toda esta información, clasificarla, ordenarla, dar forma a cada entrada, debió suponerte un esfuerzo considerable. Está claro que es un trabajo que ha requerido tiempo...

—He trabajado tantos años en este libro que ya he perdido la cuenta. En serio. Es el único de mis libros cuya confección ha requerido tanto tiempo. Viendo películas, escuchando discos, leyendo libros y revistas, recogiendo información de aquí y allá, moviendo amistades del extranjero... Añade lo que supone después sistematizar y coordinarlo todo, en aras de una disposición variada, justa y operativa. A continuación, redactar, revisar, corregir, pulir... Un trabajo ímprobo y agotador. Tan desbordante en algunos momentos que quizá hubiese tirado la toalla si no fuera por los inapreciables ánimos que me dio mi mujer, la escritora canadiense Anita Haas.

Dentro del mundo del jazz madrileño te relacionas con multitud de jazzmen, incluso a un nivel personal y de amistad. ¿Te ha sido de ayuda para tu libro esa especial relación con los propios músicos?

Por supuesto. No a la hora de investigar ni de redactar, pero sí en los estratos emocionales, psicológicos y técnicos, pues tratando con ellos he aprendido mucho de cómo son, cómo se relacionan, cómo trabajan, cómo piensan y viven... amén de peculiaridades de cada instrumento y de cómo aunarlos o alternarlos.


En el libro señalas que descubriste el binomio cine/jazz en tu adolescencia de la mano de películas como Pánico en las calles (1950), Sed de mal (1958) o ¡Mafia, yo te saludo! (1965), aunque ya habías tenido un contacto previo con esta mixtura merced a tu abuelo, que era músico.

En efecto, yo me aficioné al Jazz de forma consciente, al apreciar esta clase de música en la banda sonora de muchas películas que me fascinaron en la adolescencia, sin ir más lejos las tres que citas. Pero creo que algo existía de antes, inconsciente, como base genética, dado que mi abuelo por parte materna era músico, y había tocado el piano en salas durante los años del Mudo. Siendo yo un niño, le conocí, entonces él compaginaba la música con la regencia de un par de cines modestos, en la preciosa ciudad maragata de Astorga, cerca de León. Yo pasé algunos veranos con él, y me contaba los tiempos del mudo, me enseñaba los cines por dentro, las cabinas, los entresuelos y patios con las butacas vacías antes de que comenzaran las sesiones, que resultaban imponentes, yo le ayudaba a picar las entradas, con unos aparatos metálicos rarísimos que había entonces... y también le vi tocar, en algunos ensayos con coristas. Cuando menos el piano, pero creo recordar que también la trompeta. En su casa había un piano, y él me enseñó a tocarlo, en un nivel primario, por supuesto. Pero no pasé de ahí con el teclado, para su desgracia y la mía. 

En Cine y Jazz no te has limitado al cine estadounidense, presentas músicos, cineastas, películas... de todas las nacionalidades, abarcando Oriente y Occidente. Me ha sorprendido saber que incluso en Japón el jazz ha dejado una huella indeleble, así como en su cine.

—Es que los libros publicados al respecto antes del mío, que son bien pocos, se centran en el cine americano, con algo del francés e italiano. Sin más, salvo excepciones muy contadas. De ahí que para reflejar la hermosa universalidad del jazz me propusiera incluir entradas de toda clase, desde películas a cineastas pasando por músicos, en atención a los países más diversos. En cuanto a Japón, te aseguro que hoy por hoy es el país donde más querencia existe por el Jazz. Más que en los propios Estados Unidos. Está demostrado estadísticamente, y yo lo he comprobado en persona, las veces en que he estado allí, alojado por mi hermano Daniel.

Tengo entendido que tuviste un proyecto relacionado con el Jazz y Jesús Franco de por medio...

—Es cierto, te cuento. Hace diez años, cuando asistí al festival de cine español de Málaga para presentar el libro sobre Aldo Sambrell que escribió José Manuel Serrano Cueto, con ellos dos, un joven gallego me abordó para explicarme su proyecto. Su ilusión era hacer un corto protagonizado por Jesús Franco y Carlos Aguilar, interpretando sendos músicos de jazz con un vínculo particular. Jesús sería un pianista viejo y yo un trompetista joven, con inspiración abierta en Tigrero (1994) de Mika Kaurismaki. Es decir, Jesús en plan Sam Fuller y yo en plan Jim Jarmusch. Yo acepté sin pensarlo dos veces, me pareció una idea muy simpática, y puse en contacto a ese chico con Jesús, para que se lo propusiera también a él. Pero no sé si llegaron a hablarlo, en cualquier caso, ahí quedó la cosa. Lástima, me pareció una idea muy bonita, me apetecía. Tampoco recuerdo el nombre del director, ya había hecho algunos cortos, me dijo. 

Hay filmes discretos, y recuerdo por ejemplo uno de los que citas en el libro, Pánico infinito (1962), que ganan muchos enteros gracias a la banda sonora jazzística, pues añade al film un plus de tensión que la propia realización no alcanza a transmitir del todo por sí misma...

—En efecto. Una buena banda sonora puede disimular los defectos de una película por su especial manera de enriquecer y realzar las imágenes, incluso de contribuir al ritmo.


Reconozco que no soy especialmente aficionado al Jazz; pero, mientras leía tu libro, para ambientarme iba escuchando los temas musicales que mencionabas en las diversas entradas. Compaginar lectura y música, interactuar con el libro, ha sido para mí una experiencia increíble y enriquecedora. ¿Lo recomiendas a cualquiera que tenga ocasión de hacerse con tu libro?

—Pues no sé qué decirte, leer es algo tan personal que hacer recomendaciones me parece casi impertinente... Pero proceder así podría ser tan positivo para más gente como lo ha sido para ti, desde luego. En mi caso, escuchaba jazz, relacionado o no con el cine, al corregir las pruebas del libro, pero nunca lo hice al escribir. Para escribir, sea lo que sea, necesito silencio, de lo contrario me distraigo.

Ahora que la crisis golpea sin piedad, ¿has notado que el fenómeno de las redes sociales (Facebook, por ejemplo) esté suponiendo un apoyo significativo para la promoción de los libros en general, y los tuyos en particular?

Por supuesto, y me alegro mucho. Ya que Facebook está ahí y es gratis, ¿por qué no utilizarlo de forma razonable? Gracias a esta red social he conocido muchos admiradores de mis libros, españoles y extranjeros, y he creado otros, asimismo de distintos países. Esto es de lo más positivo, como todo lo que contribuya a la difusión de las obras, a que el público potencial de éstas se entere de que existen. Esto es importantísimo, porque se hacen tantas cosas que muchas pasan desapercibidas, a menudo injustamente. 


Centrándonos ahora en tu novela, la génesis de Un hombre, cinco balas me consta que ha sido agridulce. En principio se concibió como guión cinematográfico para un actor muy querido, fallecido durante la preparación del libro John Phillip Law. Diabolik Angel (2008) que Anita y tú escribíais en estrecha colaboración con el propio Law...

—En efecto. La idea era recuperar a mi gran amigo John Phillip Law para el Western, un género que apenas abordó, paradójicamente si se piensa en los actores americanos de su generación. Del mismo modo, se trataba de recuperar intérpretes y técnicos que brillaron en aquel género. De entrada, al músico Alessandro Alessandroni, el genial silbador y cantante al que recurría por sistema Ennio Morricone en los años 60. Alessandroni es muy amigo mío, y pese a su avanzada edad está de maravilla, habría aceptado con mucho gusto, y silba y toca múltiples instrumentos tan bien como en su juventud.

Está claro que existen prejuicios contra determinadas temáticas narrativas. Lanzarse hoy en día a sacar al mercado una novela del Oeste, firmada además por un español, a más de uno le habrá parecido una aventura dudosa o insensata. Bajo mi punto de vista se trata de un trabajo sobresaliente, muy disfrutable; incluso, por muchos motivos, insólito. ¿Qué es lo que puede ofrecer al lector actual una novela del Oeste como Un hombre, cinco balas?

—Una recreación personal y apasionada del Western, sobre todo en su variante italiana de los años 60, que se toma el género completamente en serio. Es decir, nada de distanciamiento irónico, de perspectiva posmoderna, de cualquier revisionismo... Un hombre, cinco balas propone un western serio, incluso dramático y hasta existencial en algunos momentos, asumido hasta lo más hondo por alguien que ama el género con intensidad, que reconoce en el cine del Oeste una de las influencias y querencias principales de su formación, y que lejos de cansarse de él no para de admirarlo, de disfrutarlo. A quien le guste de verdad el Western, creo que lo amará. Quien busque otra cosa, no la encontrará.


Me cabe el honor de haber escrito el prólogo de tu novela, pero quiero destacar la presencia del gran Eugenio Martín, quien se encarga de firmar el epílogo y es autor, a su vez, de uno de los mejores westerns no ya rodados en Almería, sino incluso en Europa. Un punto de vista el suyo, por lo tanto, más que oportuno.

Vaya que sí. Eugenio y yo somos muy amigos desde hace unos quince años, que no son pocos, y al menos una vez al mes cenamos juntos los dos matrimonios. Nuestra amistad se nutre no sólo de la querencia sino también de la admiración mutua. Y quién mejor que tú puede conocer el libro Eugenio Martín, un autor para todos los géneros (2008) que escribí con Anita, puesto que lo diseñaste y maquetaste de maravilla. Añadamos que su western El precio de un hombre (1966) es uno de los mejores europeos, y diría yo que el mejor realizado por un director español, empatado con Antes llega la muerte (1964) de Joaquín Romero Marchent, el cual evoqué en mi previa novela coeditada por la Diputación de Almería, Coproducción. Si se agrega que uno de los cinco malos de Un hombre, cinco balas, Dersertor, rinde homenaje a este personaje de El precio de un hombre, encarnado por Hugo Blanco, ya está más claro que el agua que Eugenio Martín tenía que estar representado en persona dentro de mi novela. Me encantó además poner dos fotos suyas, una junto a la cámara en plena juventud, y otra, hecha hace un par de años, en un set western de Almería, conmigo y con Dan Van Husen, pues este actor alemán trabajó con Eugenio un par de veces, inspiró otro de mis malos y tambié es muy amigo mío. Y hablando de Dan, su enfrentamiento final con John remite a la película imaginaria, Las noches del hombre lobo, que ellos protagonizan en Madrid dentro de mi novela Nueve colores sangra la luna, como recordarán quienes han leído ésta. Me encantan estos cruces de líneas.

Me parece genial la idea de identificar los personajes de tu novela con la fisonomía de una diversidad de actores y actrices muy presentes en el western europeo, amén de las evocadoras localizaciones...

Muchas gracias. No se había hecho nunca, en ningún país del mundo, ilustrar una novela con este planteamiento de insertar los intérpretes que inspiraron los personajes. Creo que de este modo se magnifica el carácter de homenaje y de respeto que entraña mi novela en su sentido último, amén de aportarle una gracia particular de por sí. Estoy muy satisfecho de esta idea, que estimo perfectamente interpretada en las imágenes, preciosas y, como bien dices, evocadoras.

Tu previa novela Coproducción tiene más de un punto en común con Un hombre, cinco balas. Recordemos que el protagonista de aquella quiere resucitar el eurowestern rodando uno en Almería, mientras que esta novela puede verse como la película que dicho personaje hubiera rodado. Es hermoso pensarlo así, ¿no crees?, porque de alguna manera se cierra el círculo, se fusionan en uno el cineasta de ficción y el autor de ambos libros, quien a su vez hace posible el sueño de aquel personaje...

Totalmente de acuerdo. De hecho, ya más de una persona me ha comentado que merced a esta novela el real Carlos Aguilar se convierte en una especie de materialización del ficticio Daniel Terán de Coproducción. Tengo mucho aprecio por esta novela, que ha ido conquistando cierta aureola de culto. Además, está escrita durante un período especialmente crítico de mi vida, entre la desesperanza y la esperanza.


En Un hombre, cinco balas identifico constantes de tu estilo: los amores enfermizos, los estallidos de violencia, los diálogos lacónicos pero expresivos, una atmósfera tensa y sombría, el ritmo in crescendo... ¿Has conseguido hacer tuya esta historia del Oeste, tema en principio tan ajeno a nuestra mentalidad, o te has dejado llevar por la personalidad tan marcada del Far West?

—Bueno, como comentaba antes he procurado personalizar un género que amo, reunir lo particular con lo general. Pero lo que ignoro es hasta qué punto he pretendido personalizar y hasta qué punto homenajear, pues esta sutil línea de diferenciación forma parte de un proceso creativo personal antes inconsciente que consciente. Lo que sí he buscado, de forma absolutamente directa y lúcida, es que resulte entretenida. Porque el aburrimiento lo mata todo: en el cine, en la literatura, en la música... no digamos ya en las relaciones personales. El aburrimiento es lo peor. Por eso jamás admitiré esa valoración tan extendida, sin ir más lejos respecto a ciertas novelas y películas, de "es buena pero aburrida". Discrepo, si algo es aburrido no es bueno.

No puedo estar más de acuerdo, desde luego. Con esta novela das continuidad a tu colaboración con el Festival Internacional de Cortometrajes Almería en Corto. Certamen para el que ya habías firmado y traducido varios libros, dentro de su magnífica, e interrumpida, colección dedicada a personalidades del cine relacionadas con el western almeriense.

Esa colección supone uno de los recuerdos mejores, y más entrañables, de mi obra, gracias a ella pudieron publicarse libros sobre gente como James Coburn, Giuliano Gemma, Gil Parrondo, Lee Van Cleef, Joaquín Romero Marchent... si bien destacaría el que escribió Anita sobre Eli Wallach. Obviamente, no pretendo desglosar aquí y ahora los méritos literarios de mi mujer, no sería elegante, pero sí resalto que conseguimos que el mismísimo y prácticamente inaccesible Clint Eastwood escribiera el prólogo, pues antes él sólo había prologado un libro, la autobiografía de Don Siegel. Bien puede enorgullecerse "Almería en Corto" de esto, así como de que consiguiéramos que el propio Wallach, con más de 90 años de edad, viniera encantado a presentar el libro, así como la viuda de Leone, celebrando el cuadragésimo aniversario de El bueno, el feo y el malo de tan gloriosa manera: un libro sobre el coprotagonista, presentado por él mismo y por la viuda del director, con prólogo del protagonista. ¡Fue increíble!


De igual modo, Calamar Ediciones, justamente conocida por sus libros de cine, dos de los cuales son tuyos, los estupendos Yakuza Cinema (2005) y La espada mágica (2006), se abre a la narrativa coeditando con Almería tu novela... ¿Fue complicado que desde el sector editorial se valorase adecuadamente un proyecto tan a priori arriesgado como el que proponías con Un hombre, cinco balas, es decir, "una novela del Oeste"?

—Por fortuna, no. La cualidad tan insólita de la propuesta jugó a favor, y tanto el festival como la editorial firmaron el acuerdo encantados con abrirse a la narrativa publicando un libro, cuanto menos, diferente de cualquier anterior, además a nivel mundial.

Si esta novela se llevase al cine, algo que en principio, y pensando en sus orígenes como guión, no parece descabellado, ¿crees que sería posible reunir buena parte de estos nombres legendarios cuyos personajes recreas en el libro, al menos para papeles de colaboración?

—Por desgracia, muchos han ido falleciendo en estos dos o tres últimos años, mientras urdía el libro, además del propio John: Ernest Borgnine, Aldo Sambrell, Luke Askew, Robert Hundar, Patty Shepard... Pero bastantes otros viven todavía, aun en avanzada edad. Sería maravilloso contar con ellos, por supuesto, y me gusta pensar que les encantaría agregarse en un proyecto que reconoce cuán importantes y particulares han sido en la historia del cine.

viernes, 15 de noviembre de 2013

NUNCA ME ABANDONES (Never Let Me Go, 2010)


LA INSOPORTABLE LEVEDAD DEL CLON

Creo que lo último que pretendía Mark Romanek, director de la película, era rodar una historia de ciencia-ficción. Por mucho que la premisa se apoye en elementos fantacientíficos para exponer su dramaturgia y por mucho que detectemos los mecanismos de la distopía, palabra que define a la perfección el telón de fondo usado por los responsables del film para otorgar espesor a su relato: una antiutopía, es decir, la figuración de una sociedad, por lo general ubicada en un futuro cercano, en la que el individuo es controlado por un estado bajo cuyo paternalismo se ocultan la manipulación e incluso el exterminio, en un marco de soterrado totalitarismo. De igual modo, Nunca me abandones (Never Let Me Go, 2010) abraza otro término caro al cine y la literatura fantásticos, la ucronía, que define una realidad alternativa surgida a partir de un punto conocido para llegar a un desarrollo diferente de los acontecimientos históricos. Para comprender ambos conceptos, distopía y ucronía, valgan un par de ejemplos: de lo primero, las alucinantes sociedades descritas en las novelas Fahrenheit 451 (1953), de Ray Bradbury, y Un mundo feliz (1932), de Aldous Huxley; de lo segundo, la antología de relatos Hitler victorioso (1986), coordinada por Gregory Benford y Martin Greenberg, y El hombre en el castillo (1962), de Philip K. Dick, donde se plasma un supuesto triunfo del nazismo en la II Guerra Mundial.


Pues bien, Romanek se desentiende de tales elementos para centrarse en lo que le interesa: las relaciones interpersonales en un entorno que magnifica los lazos entre un grupo de seres humanos muy peculiares. Pero ese desinterés del cineasta es relativo, pues necesita la base fantástica para crear el marco preciso en el que mostrar su disección de los sentimientos: una Inglaterra, que parece anclada en los años 60 o 70, en la que la clonación de seres humanos está permitida, sólo para uso terapéutico: es decir, se clonan y crían personas en apartados colegios de élite para extraerles los órganos una vez alcancen la juventud. Procurando así salud a los enfermos y una muerte cierta a los donantes. Todo ello con el beneplácito de una sociedad indiferente al sufrimiento vital de estos seres destinados a desaparecer en la flor de la vida. La crueldad de esta situación posee varios frentes, ya que los muchachos son educados exquisitamente como si les formasen para un futuro brillante, y sus profesores, insensibles al destino que aguarda a los pupilos, desempeñan su labor con absoluta frialdad, mientras los clones se enfrentan a los eternos dilemas de la infancia, la adolescencia y la primera juventud. Cercenada, por ende, cualquier esperanza de una vida normal y longeva; y, naturalmente, del disfrute del amor.


Kazuo Ishiguro, autor japonés nacionalizado estadounidense, es el firmante del libro homónimo en el que se basa el film. El escritor de quien se recordará la exitosa adaptación al cine de su previa novela, Lo que queda del día (The Remains of the Day, 1993), de James Ivory explica así el enfoque de su obra, extrapolable a la película: «¿Qué hacen los seres humanos? ¿Qué es lo más importante para ellos cuando se dan cuenta de que el tiempo se les acaba? ¿Está acaso predeterminado en la naturaleza humana buscar venganza en antiguos enemigos o atesorar más posesiones? En cierta forma creo que esta historia retrata de manera positiva la naturaleza humana. Tratando de decir, de la forma más convincente, que lo importante para la gente cuando se siente atrapada y ya no le queda tiempo son cosas como la amistad y el amor. Si alguien siente que le hizo mal a alguien cercano, va a querer arreglarlo antes de que sea demasiado tarde. Si dos personas se han amado durante toda su vida, van a querer estar juntas, aunque sea por un corto periodo de tiempo. Estas son las cosas que se vuelven prioridades para los seres humanos». En efecto, los tres jóvenes protagonistas, Kathy, Tommy y Ruth, conscientes del destino fatal que les aguarda, languidecen atrapados por unos sentimientos que no pueden culminar: de este modo, y a lo largo de sus cortas vidas experimentan la amistad, la traición, el despecho, el cariño, el amor... de forma harto delicada, tenuemente especial, sin perder la fe en un milagro que aplace un poco más su sentencia de muerte.


Romanek, consciente de la particular dureza de estos acontecimientos, ha decidido plasmarlos con la mayor suavidad posible: «Intenté mezclar esta historia muy inglesa con esta cualidad de simpleza que tiene la escritura de Kazuo. Es una simpleza muy engañosa. Hay una belleza en cómo escribe, ya que la verdad en la película puede ser muy inquietante, pero él lo expone de una manera tan delicada, que sentí que sería muy duro o muy abrupto si el filme hubiese sido demasiado realista, y yo quería que fuera realmente hermoso. Todos trabajamos juntos para tratar de hacer una película romántica y estéticamente placentera que en el fondo nos cuenta una verdad muy perturbadora de nuestra realidad». Sin embargo, el camino elegido por el director se antoja quizá el menos apropiado: buscando una equidistancia que evite recrudecer la plasmación del dolor ajeno, preservando así la inocencia de sus personajes, Nunca me abandones se envuelve en un halo de frialdad que funciona como barrera infranqueable para el espectador, deseoso de compartir las pasiones que palpitan en los tiernos corazones de tan desgraciados seres. Se produce así un alejamiento del drama, una dificultad añadida para compenetrarse con la historia y sus lacerantes cuestiones éticas, y eso perjudica a una película por lo demás impecable en sus aspectos técnicos y estéticos. Pero todo parece quedarse ahí: en la bella plasticidad de unas estampas gélidas, mortecinas, incluso apáticas, que impiden la implicación emocional del público, opción que aun así Romanek defiende: «Lo cierto es que la idea no era que mi estilo pareciera "frío". Más bien he intentado crear un equivalente visual y tonal a la sutileza y elegancia del estilo de Kazuo. Hacerlo de otra forma habría supuesto una cierta traición al espíritu del texto [...]. Así que eso me llevó a inspirarme en el cine japonés y las ideas japonesas de estética y arte».


Pero el estilo contemplativo de los grandes clásicos del cine japonés permite emerger por debajo de su aparente estatismo y solemne serenidad las pasiones que arden en el corazón humano. De esta tensión interna surge una vehemente excitación física e intelectual de la que carece Nunca me abandones, donde todo se expone con limpieza, con pulcritud, pero quedándose en la superficie, sin llegar a transmitir la turbulencia de los sentimientos sometidos a una prolongada situación límite. Esta falta de espesor, que equivocadamente Romanek cree paliar merced a una puesta en escena que confunde inerte preciosismo con hondura psicológica como si el mero hecho de captar la caída de una lágrima a través de un rostro impávido debiera trasladarnos, por sí mismo, la esencia de la tristeza, deshumaniza el relato, pero no en el sentido que el realizador pretende; no obstante, se induce la (falsa) impresión de hallarnos ante un dechado de contención dramática, entregándose los entusiastas a la ilusión de recrear en su mente lo que la pantalla no ofrece: la intensidad que tan prometedora historia necesita pero no quiere, o no puede, transmitir. Tanta elegancia, tanto distanciamiento, tanto rigor formal... se le ha ido de las manos al prestigioso cineasta que hace más de una década nos sorprendiera con la muy estimable Retratos de una obsesión (One Hour Photo, 2002), otro estudio, mucho más certero, sobre la soledad y la imposibilidad de expresar las emociones.

NUNCA ME ABANDONES (Never Let Me Go, 2010)
Reino Unido / Estados Unidos. 103 minutos
D: Mark Romanek. P: Allon Reich y Andrew MacDonald para Fox Searchlight Pictures, DNA Films y Film4. G: Alex Garland, basado en la novela de Kazuo Ishiguro. M: Rachel Portman. F: Adam Kimmel. Mo: Barney Pilling. Dis. prod.: Mark Digby.
CAST: Carey Mulligan (Kathy), Andrew Garfield (Tommy), Keira Knightley (Ruth), Charlotte Rampling (Miss Emily), Sally Hawkins (Miss Lucy), Kate Bowes Renna (Miss Geraldine), Domhnall Gleeson (Rodney), Andrea Riseborough (Chrissie), Hannah Sharp (Amanda), Christina Carrafiell (Laura), Oliver Parsons (Arthur), Isobel Meikle-Small (Joven Kathy), Charlie Rowe (Joven Tommy), Ella Purnell (Joven Ruth).